El yoga śivaíta a través del tiempo

Los orígenes del culto a Śiva, según nos cuenta la tradición oral, se remontan a la civilización de Mehrgarh, entre los valles de los ríos Indo y Sarasvati, uno de los asentamientos más importantes para la arqueología. Los primeros asentamientos urbanos y agrícolas en este lugar datan del 7000 a.n.e. Aunque, de momento, conocemos pocos testimonios líticos importantes de este culto a Śiva. Rudra, según el Rig Veda. Más que nunca estas enseñanzas se hacen imprescindibles, no son algo del pasado. Veamos cómo.

Los orígenes del culto a Śiva

Entre los valles de los ríos Indo y Sarasvati se encuentran unos sellos de terracota con figuras de posturas de yoga de avanzada dificultad. En uno los sellos se encuentra a Paśupati, —el señor de las bestias—, con tres caras, que representan el presente, el pasado y el futuro, el ciclo del Tiempo. Se encuentra sentado en la postura llamada Śakti chalani asana. Este señor de las bestias se suele identificar con Śiva según el Atharva Veda, pues viene acompañado de un rinoceronte, un búfalo, un tigre y un elefante. Estas figuras fueron encontradas en Mohenjo Daro y Harappa, una civilización posterior a Mehrgarh. La postura que realiza está diseñada para liberar la energía, —la Śakti, la Kundalini—, que asciende desde la raíz hasta la coronilla.

Las escrituras hindúes se encuentran entre las más antiguas del mundo y en ellas se hace referencia al Yoga. La cultura hindú y, en general, todo conocimiento teológico y filosófico de la India, tiene su origen escrito en los Vedas; textos sagrados en sánscrito de más de 5000 años de antigüedad. —Como el cristianimo no engangrenó el subcontinente indio en ningún momento de su historia, estas referencias escritas no se perdieron en la hoguera de sus vanidades—. Los textos sánscritos constituyen todo un acopio de sabiduría en el campo del conocimiento del ser humano. Lo misterioso de estas escrituras, que supuestamente fueron escritas por los arios invasores, es el desconocimiento que tenemos sobre la lengua de dichos invasores, es más, desconocemos por completo si tenían una cultura tan refinada y elevada como se describe en los Vedas. Por ese motivo, muchos investigadores se plantean si son enteramente propias o más bien son una transcripción de la tradición oral del conocimiento de las civilizaciones Mehrgarh e Indo. Las últimas investigaciones muestran que los arios no vinieron de ninguna parte, ya existían, sólo eran dispersas gentes disconformes con la política y organización social y que poco a poco se fueron agrupando.

Este conocimiento Védico se conservó de generación en generación por tradición oral, mediante la recitación de su contenido en forma de aforismos y metáforas rimadas para su fácil memorización. Fueron recogidos por escrito, por primera vez, hace más de 5000 años como hemos mencionado antes, despertando la imaginación de pueblos circundantes. En Occidente lo más conocido son los Upaniśads. Comentarios tardíos a los Vedas, tratados, poemas filosóficos y místicos que exploran la naturaleza del alma humana. Es en los Upaniśads, la última parte de los Vedas, donde se encuentra la base de las enseñanzas yógicas. Y es en ese momento, cuando emerge la filosofía Vedanta sobre la realidad o conciencia absoluta, la filosofía de los Upaniśads que sirvieron de base para muchas escuelas. Mientras los Vedas fueron escritos hace más de 3500 años, los Upaniśads se compusieron hace poco más de 2000 años.

Hacia el 500 a.n.e. dos grandes poemas épicos, el Ramayana de Valmiki, y el Mahabharata de Vyasa, narran las encarnaciones de Vishnú así como una preshistórica historia de India, acontecimientos que quizá ocurrieron antes de los Vedas. Entremezclado en la narración se tratan temas históricos, míticos, morales, metafísicos y filosóficos. Una parte importante del Mahabharata es el Bhagavad Gita, que consta de dieciocho capítulos, en los que se discuten distintos aspectos del Yoga. Hacia el 250 a.n.e. el sabio Patañjali, recopiló todo el conocimiento existente sobre el Yoga en un breve sumario titulado "Yoga Sutras", texto reconocido unánimemente por todas las escuelas yógicas que muy pocos entienden como veremos más adelante. Este importante texto comienza diciendo que el yoga es el cese de las fluctuaciones mentales, nada se dice de acrobáticas posturitas para Instagram. Tanto Patañjali como sus padres y abuelos fueron dignos devotos de Śiva.

El Yoga, piedra angular de la sadhana

Los Yoga Sutras son la base del Yoga. El Yoga de Patañjali constituye lo que podríamos llamar el Yoga clásico, sistemático: un preciso conjunto de reglas prácticas y de realizaciones. A lo largo de los años, numerosos autores han comentado los Yoga Sutras de Patañjali, en los cuales están clasificados los 8 ocho progresivos pasos hacia la realización personal. El celebérrimo Ashtanga Yoga de Patañjali incluye un conjunto de técnicas complementarias entre sí que constituyen toda la práctica del yogi. Los primeros 4 cuatro pasos desarrollan particularmente la práctica externa o exotérica, los últimos cuatro pasos la práctica interna o esotérica.

Los ocho pasos del ashtanga se dividen en:

Yama o restricciones.

  • Ahimsa, no violencia.
  • Satya, verdad.
  • Asteya, integridad.
  • Ćarya, continencia.
  • Aparigraha, sin codicia.

Niyama, observancias.

  • Sauchan, pureza.
  • Santosha, alegría.
  • Tapas, disciplina.
  • Svadhyaya, obediencia.
  • Pranidhana, entrega.

Asana, asientos.
Pranayama, respiración.
Pratyahara, interiorización de sentidos.
Dharana, concentración.
Dhyana, meditación.
Samadhi, éxtasis.

Influencias de la filosofía del Yoga en la filosofía europea

Los Yoga Sutras de Patañjali son difíciles de entender, por el tema que ocupan, por los conceptos filosóficos y mágicos que aparecen y, porque la vida y el pensamiento contemporáneo, parecen muy lejanos de estás enseñanzas clásicas. Los aforismos y floridas metáforas de los Yoga Sutras de Patañjali encierran una gran polisemia, aún por descifrar. Mientras Occidente, —y el occidentalizado Oriente—, se ahoga en su propio vómito judeocristiano, los Yoga Sutras se presentan como una posible salvación si los humanos fueran capaces de emigrar de esa infancia materialista.

Los griegos supieron algo de los hindúes gracias a Aristóteles, Herodoto y Alejandro Magno. Gracias a ellos, para bien o para mal, la visión que se tenía en Europa sobre India era de una tierra de encantadores de serpientes, faquires, gimnosofistas, impresionantes arquitecturas que desafían el tiempo, — y poco más—. Aunque lo cierto es que tan sólo un ingenuo o, quizá, un soberbio ignorante, puede pensar que la filosofía comienza de la nada con Tales de Mileto, olvidándose por completo de las grandes civilizaciones egipcia, mesopotámica, india, china, etc. Hace poco más de 200 años, los filólogos comenzaron a traducir a las lenguas europeas los Upaniśads y otros textos, no se puede perdonar la ignorancia actual de aquellos que se dicen conocedores del yoga o la filosofía.

En las sectas “ocultistas" europeas se decía que los hindúes eran los hijos de Caín, según nos cuenta el cristiano Eliphas Levi en su "Historia de la magia". El lamentable académico de la RAE Julián Marías llega a decir que no se puede hablar de filosofía antes de los griegos y, en particular, de Schopenhauer, basándose, quizá, en la presunción eurocentrista de Hegel, dice que sus ideas son ingeniosas pero de escaso valor filosófico pues se pierde en lo trivial. Todavía queda en el acervo popular, entre aquellos que jamás leyeron a Shopenhauer que su filosofía era pesimista. Como siempre suele pasar, uno dice algo y el resto de ovejas canta al unísono: beeee. ¿Cuando existió el pensamiento crítico entre las unidades de consumo prescindibles, la audacia de hablar, infringiendo el silencio con palabras que ponen a prueba la belleza o el ingenio? ¡Creo en la Santa Biblia! —gritan los devotos zombis del hiperconsumismo—, ¿pero acaso la has leído?

Tras la muerte de Hegel, el fastuoso idealismo alemán se pierde en la vaguedad, la nebulosidad y las construcciones fantásticas concluyendo en una profunda crisis: el positivismo de Comte. Sólo en esto último acierta Julián Marías: el positivismo de Comte fue una crisis filosófica. En mi opinión esto se debió a que muchos se habían dedicado a rendir culto a la filosofía de salón, al refrito. En cambio, muchos otros y grandes filósofos europeos, se apartaron de dichos clubs de pelota y fundamentaron sus conocimientos en la riqueza que comenzaba a llegar de India. Arthur Schopenhauer llegó a reverenciarlos, diciendo, a propósito de los Upaniśads, que eran lo más sublime que había leído. La originalidad y el carácter anticipativo del pensamiento schopenhaueriano dejó su fuerte e insoslayable impronta en autores de la talla de Friedrich Nietzsche, Sigmund Freud, Thomas Mann, Ludwig Wittgenstein, Eduard von Hartmann, Hans Vaihinger, Marcel Proust, Henri Bergson y Emile Cioran, entre otros.

Decadencia y colapso del viejo mundo Occidental

Pero aterricemos un poco, bajemos de las altas y floridas nubes filosóficas para comprender el colapso que avecina Occidente, —y el occidentalizado Oriente—. Ya no es sólo la política y la economía, que ha demostrado su imposibilidad de durar poco más de 100 agónicos años. Muy pocos han sido capaces de Ver, —en mayúsculas— su vómito cultural. Todo fue convertido en un materialista negocio: salud, información, arte, ciencia.... y con ello, la decadencia antes de su despegue. La tecnología ha mejorado mucho, no me cabe duda, pero ¿y los humanos?. No, los humanos son obsoletos antes de abandonar el trogloditismo, la tecnología es capaz de hacer mejor todo, absolutamente todo. El aumento de hipervigilancia y control disimulará no sólo el colapso del viejo mundo sino que su caida encierra unn grave peligro: el aumento de la inteligencia de las máquinas y la disminución de la inteligencia humana haciendo casi imposible la diferenciación de lo que es real de lo que es fake news.

Mientras en el Oriente no occidentalizado aún quedan gentes capaces de vivir con muy buena salud física y mental hasta más allá de los 100 años, practicando yoga, Tai Chi, Chi Kung, —incluso Karate en Okinawa—, en Occidende cada vez es más normal encontrar obesidad, cancer, raras enfermedades metabólicas y neurodegenerativas, artrosis, artritis y menopausias con menos de 30 años. Mientras a mediados del siglo XX Matsutasu Oyama, —el fundador del Karate Kyokusinkai— sorprendía al mundo corriendo 20 km diarios sin romper su cuerpo, rompiendo cráneos de toro de un puñetazo o meditando en lagos helados, sin botox, sin esteroides ni un cuerpo hipertrofiado. Mientras Lamas tibetanos conseguían derretir el hielo sentados desnudos sobre él, o pueblos Sami del norte de Escandinavia o del Cáucaso, conseguían proezas similares superando los 100 años con buena salud mental y física sin practicar ningún arte marcial ni yoga, simplemente integrándose en la Naturaleza, viviéndo en simbiosis con la Śakti, y comiendo alimentos sin procesar ni pasteurizar, el materialista Occidente seguía mirando el dedo, en lugar de la Luna, creyendo que el Karate son sólo puñetazos y patadas, y el Yoga es una suave gimnasia cuyas fotos quedan genial en Instagram.

Los superhéroes de Marvel son maravillosos, pero no tanto como nuestra mamá, ¿cierto?

El colapso de Occidente, —y el occidentalizado Oriente— es inminente, poco le queda para que pueda ahogarse en su propio vómito materialista. Los pocos que queden, los que realmente comprendan las enseñanzas de las lejanas Upaniśads o Yoga Sutras, serán capaces de liderar una nueva cultura donde cuerpo, mente y espíritu sean una unidad que viva en armonía con la Śakti, con la Naturaleza. El viejo mundo desaparecerá simplemente cuando dejemos de observarlo y colaborar con él. El visionario Arthur C. Clarke, —fallecido en Sri Lanka a los 90 en su casa de manera natural, un milagro para la mayoría—, vaticinó el fin de la infancia para aquellos que sean capaces de comprender la metáfora de su homónima novela. En cambio, aquellos que sigan pensando que dicha novela trata de extraterrestes, aquellos que sigan viendo el dedo, en lugar de la Luna, irán directos al matadero. Los obsoletos humanos —los devotos zombis del hiperconsumismo—, que tragan a marchas forzadas todo lo que en los medios de desinformación de masas se pregona pocos cortes de pelo le quedan.

Un retorno a nuestros orígenes

Los orígenes del culto a Śiva seguirán ahí, inmutables, en el Akaśa permanecerán ahí, esperando a quien sea capaz de Ver, —en mayúsculas—. Las enseñanzas de los Yoga Sutras y los Upaniśads se hacen imprescindibles para diferenciar maya, las fake news y el inminente colapso escondido por la hipervigilancia e hipercontrol social. Mientras Occidente, —y el occidentalizado Oriente— sigue obsesionado con la violencia y el vencer a su vecino para saquearlo, el Oriente —no occidentalizado— prefiere mirar hacia adentro para vencerse a sí mismo, para salvarse de sí mismo, sin importar realmente el camino. Da igual si se practica Yoga, Karate, Kunfu, Kalaripayattu, —el arte marcial de India con más de 3000 años de antiguedad—, o simplemente viviendo en armonía con la Śakti el objetivo siempre será vencer sin luchar, como decía el taoísta Sun Tzú. Y cuando nos hayamos vencido a nosotros mismos la ambrosía del conocimiento y la evolución emergerá de manera natural. El nuevo mundo no sabemos como será, si es que será, pero algunos ya lo están viviendo en su aquí y ahora mientras la mayoría va directo al matadero.

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Conoce al autor

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Swami Kurma Rajadasa es Monje Sivaíta, filósofo Sivaíta y Vedanta Advaita, investigador de la Consciencia y de la Naturaleza Humana. Telegram: @kurma1973.
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